10 de Mayo de 2015
 
  
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Dagoberto Padilla: Sindicalista y luchador popular revolucionario
Dagoberto fue un sindicalista combativo, dirigente estudiantil, con una conducta intachable y de firmes ideas revolucionarias. Por su apariencia humilde y su defensa de los derechos de los obreros, se convirtió en una figura de esperanza para sus compañeros de acabar con la opresión capitalista de la clase obrera y construir una Honduras más justa.
 
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Dagoberto Padilla da la mano al dueño de la empresa COAGS.
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Al extremo derecho Dagoberto Padilla junto a sus compañeros de trabajo.
Dagoberto Padilla nació el 15 de noviembre de 1949 en el Municipio de Tela, Atlántida. Hasta los tres años de edad creció en la comunidad del Ramal de Tigre, junto a su madre Ana Carminda Padilla y a su padrastro Carlos Cartagena. Su madre vivía en el Municipio de Jacaleapa, Danlí, cuando salió embarazada de Rafael Rostrán, padre de Dagoberto. A los tres meses de haber nacido se fuea vivir a Tela.

Doña Carminda recuerda que su pequeño Dagoberto, le ponía quejas de Carlos Cartagena, quien lo llevaba al río a recoger leña y a pescar. Estando en el río enseñandole a nadar, el chiquillo tragaba agua y chapaleteaba. Luego le ponía quejas a su madre: “Carminda Calo me ogó” (Carlos me ahogó). Posteriormente su abuelo, Alberto Escoto Rodríguez se lo llevó a Jacaleapa, porque Carminda está con Carlos y piensa que no es saludable para el niño el hecho de tener un padrastro. Dagoberto creció con sus abuelos, y aquí mismo cursó la primaria.

En 1961 en el pueblo de Jacaleapa, Dagoberto entraba en la pubertad cuando vio por primera y última vez a su padre, Rafael Rostrán. El adolescente se encontraba en una trucha (pulpería) cuando se acercó un señor, y la dueña de la pulpería, quien lo reconoció como el hijo de Dagoberto, le preguntó que sí conocía a ese cipote que estaba ahí. Y le dijo que ese cipote era el hijo que había fecundado con Carminda. Su padre lo abrazó fuerte y le dio un lempira.

En 1965 Dagoberto se va a vivir al Municipio de Santa Rita, Yoro, a la casa de su madre. Ahí el joven siguió creciendo y aprendiendo de don Carlos Cartagena, algunas actividades del campo.

Cuando viene a la costa norte, todavía no tiene el pensamiento revolucionario. Tres años después, empezó a trabajar como tractorista (chapulinero) en la Finca 18 de la Compañía Agrícola y Ganadera de Sula (CAGSA). Luego de unos meses lo reubican en la finca 12 para trabajar como seleccionador de frutas; cuando no había corte hacía la función de capitancillo. Para entonces casi no pasa donde su madre porque duerme en un cuarto de barracón.


Su vida familiar
A los 20 años de edad conoció a la joven Conmemoración Guevara, originaria de Guascorán, Valle. Se conocieron, en unos apartamentos que estaban contiguos a la casa de doña Carminda. Ahí se juntaron en unión libre.

Inicialmente en San Pedro Dagoberto tenía un solar (terreno) donde había construido una casita bien chiquita, de madera y zinc. Ahí vivieron varios meses. Ambos tenían 21 años, y estaban esperando su primer hijo, Franklin.

Posteriormente se fueron a vivir a los barracones de la Finca 12, con otros compañeros de Dagoberto que también eran recién casados. Aquí las condiciones de vida eran precarias, la madera de los barracones estaba podrida, se lavaba en una sola pila a puro campo raso (piedra de lavar bajo el sol), los servicios higiénicos eran un hoyo simple donde corría el agua.


Inicia la lucha para mejorar las condiciones de vida de los obreros


En 1970 se incorpora como un afiliado más del Sindicato de la Compañía Agrícola y Ganadera de Sula: SITRACOAGS. Al año siguiente nació su segundo hijo, Élvin. Debido a la precariedad en que viven en los barracones de la Compañía, inició ha agarrar impulso hasta ganarse el puesto de Fiscal del Sindicato.

Un año después, las oficinas del Sindicato las trasladaron a El Centro de El Progreso, cerca de donde fue la Farmacia Nash; donde lo eligieron Presidente del Sindicato por su actitud y su capacidad de negociación con los gerentes de dicha Compañía.

En 1974 cuando pasa por la costa norte el Huracán Fifí, Dagoberto andaba en plena lucha defendiendo los derechos de los trabajadores; se había convertido en un voraz lector del Código del Trabajo para tener argumentos sólidos en las negociaciones de los contratos colectivos.

Aunque él decía que su única defensa era su lápiz y su cerebro, durante esos primeros años, luchó para que los barracones tuvieran condiciones dignas para vivir; y hubiera escuela para los que no sabían leer y escribir, que las esposas de los trabajadores tuvieran educación técnica.

Para el año de 1975, Dagoberto y su familia se van a San Pedro Sula, a la casa que tenían en la Colonia Cabañas, pero ya con algunas mejoras. Ahí nació su tercera hija, Sandy. Ese mismo año Dagoberto viajó por más de dos meses a Perú y Venezuela para capacitarse en Derechos Humanos, como parte de la formación sindical.

Su pareja, Conmemoración puso una trucha, en la Colonia Cabañas. Le decía que trabajara para que se pagara sus estudios de colegio y que ella se haría cargo económicamente de la casa. Entonces mientras trajaba en la Finca 12 estudiaba en el Instituto El Progreso. Como resultado de ello, el 12 de diciembre de 1979 se graduó de Perito Mercantil, mismo día que contrajeron matrimonio.

Viajó en julio de 1980 a Nicaragua para participar en la celebración del primer aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Cuando regresó, el patrono de la empresa lo tilda de comunista y lo vigil muy de cerca.


Un colegio para el pueblo

A inicio de 1980, entró al Centro Universitario Regional del Norte a estudiar licenciatura en leyes con el afán de ser el procurador de los obreros. Mismo año en que se pronunció a oficializar el Perla del Ulúa. La lucha surge por la necesidad que tenía el pueblo progreseño por un instituto público.

En 1979 Dagoberto Padilla impulsó la lucha por crear el primer Instituto Oficial de El Progreso, el Perla del Ulúa, para que el pueblo progreseño pudiera acceder a educación media gratuita.

Dagoberto fue presidente del Consejo Central de Estudiantes del instituto (privado) El Progreso, el cual estaba afiliado a la Federación de Estudiantes de Segunda Enseñanza, FESE. El 15 de septiembre de 1979, mientras en la calle del comercio se hacía los desfiles de bandas de guerras, en la Biblioteca Pública Juan Ramón Molina se organizó el frente pro oficialización del instituto, conformado por las organizaciones populares de El Progreso, de la cual Dagoberto fue presidente. El primer paso que dio fue recuperar la tierra para que se construyera el edificio que implicó la toma del terreno y acciones en Tegucigalpa.

En los primeros años el Instituto era semioficial y en la medida que avanzaba el Frente pro-oficialización, se logró conseguir un espacio de varias aulas en la que ahora se llama Escuela Jaime O' Leary, donde Dagoberto fue el administrador y se esmeró por el desarrollo de la institución. Luego se inició la recuperaron de tierras de lo que ahora son las Colonias Mangandí y Suazo Córdova, y en esa lucha se incluyó un terreno de 15 manzanas para que funcionara el Instituto Perla de Ulúa.

Las primeras matriculas se hicieron en las oficinas del Sindicato de Trabajadores de la Tela Rail Road Company (SITRATERCO), donde pobladores, vecinos y amigos llevaron bancos de madera, y sillas armadas con tablas y bloques de concreto, se cuantificaron 420 matrículas iniciando las clases en los turnos vespertino y nocturno.

Cuando iniciaron las clases en el terreno recuperado, las vacas correteaban los alrededores de las aulas, ya que aún eran potreros. Para 1982 se construyó el primer módulo con cinco aulas, en las tierras asignadas, donde funcionó la secretaría y el área administrativa.

El profesor Edgardo Romero, recuerda que en aquel entonces, mientras armaban los documentos de la matrícula del Instituto, y llegaba la hora del almuerzo, sólo comían tortilla con sal, a lo que Dagoberto le ponía siempre un tono jocoso para ambientar. Asimismo doña Marina Bardales, representante en aquel entonces de los padres de familia del Perla, cuenta que en un viaje a Tegucigalpa como no tenían dinero para comer en un comedor, en una trucha compraron pan con chorizo para almorzar.

También tenía prácticamente la responsabilidad de ir haciendo que la institución se fuera desarrollando, innumerables viajes a la capital, hasta lograr la oficialización.

Las primeras matrículas fueron de 420 alumnos, las que se hicieron en las oficinas del Sitraterco seccional de El Progreso. Las primeras clases que se impartieron fueron en mesas, bancos y sillas de bloque, que los vecinos de la comunidad proporcionaron para que por lo menos el personal administrativo tuviera donde estar. Las clases sólo se impartían durante la tarde y la noche. Para 1982 se construyó el primer módulo con cinco aulas, en las tierras asignadas, donde funcionó la secretaría y el área administrativa.


La represión contra el revolucionario y la lucha del Sindicato
La Dirección Nacional de Investigación (DNI) lo empezó a perseguir desde 1980, cuando estudiaba en la universidad. El DNI lo perseguía como un delincuente prófugo, acusado de ser marxista y porque supuestamente viajaba a Cuba a prepararse y conspirar contra el Estado. Sólo llegaba por las noches a ver a sus hijos y a su esposa, porque siempre anduvo con miedo de que lo agarraran y lo mataran sin antes haber hecho algo por su patria. Por tales razones unos días dormía a la par de las oficinas de Sindicato en El Progreso, otros donde su familia en San Pedro Sula, y a veces donde su mamá en Santa Rita.

En 1981 y 1982, la DNI arreció la represión contra todos aquellos líderes de los sindicatos más beligerantes del movimiento social hondureño. En una asamblea del Sindicato, el sindicalista Zamora le avisó a Dagoberto que afuera de las oficinas estaban varios agentes de la DNI. Lo andaban taloneando por ser de ideología comunista, y luchador de la clase obrera. Al final de la reunión Dagoberto salió por la puerta de atrás del salón del Sindicato. Zamora agarró el carro que siempre andaba Dagoberto para despistar a los agentes, y se fue junto con otros compañeros.



La jugada de los democráticos

Para el 11 de julio de 1982, el SITRACOAGS tenía una cooperativa de ahorro, y también una tienda de productos básicos. En el Sindicato había un grupo de sindicalistas autodenominados democráticos, positores a las ideas sindicales de Dagoberto.

En la cooperativa se dio un autorobo confabulado por los democráticos. Dagoberto como presidente fue a poner la denuncia a la FUSED de El Progreso. Dos semenas atrás le habían quitado la licencia de conducir porque según la policía el carro que andaba no estaba en buenas condiciones para circular. Cuando Dagoberto llegó a la oficina de la policía, curiosamente, le pidieron su licencia de conducir, para poder poner la denuncia. Dagoberto les contestó que no la andaba, el oficial inmediatamente le dijo que iba preso. Fue detenido, y trasladado a las oficinas policiales de San Pedro Sula.

Inmediatamente que se entera Mario Figueroa, sindicalista de SITRACOAGS, se fue donde un amigo policía a que le consiguiera la licencia de Dagoberto y le ofreció 100 lempiras. Con la licencia en manos, alcanza el carro de la policía, y le grita a Dagoberto que él tienen su licencia. El carro de patrulla en que lleva a Dagoberto se detiene y se llevan también a Figueroa.

Cuando llegan a la FUSEP de San Pedro Sula, pasan a Dagoberto directo a la celda, sin pasar ningún informe sobre su detención. Al día siguiente su esposa, Conmemoración, llegó a una pulpería del barrio Cabañas, donde le dicen que en el noticiero de Radio San Pedro Sula, pasaron la noticia de que Dagoberto estaba preso.

Una concentración de personas: sindicalistas, amigos, vecinos y familiares, se plantaron al día siguiente en las instalaciones de la policía para pedir su liberación. Su esposa y sus hijos pidieron verlo, pero lo negaron. El catedrático Turcios de San Pedro Sula, intervino y habló con el jefe de la DNI, el que informó que lo soltarían hasta las 10 de la mañana porque no había cargo alguno.

Los reos que compartían en eses momento la celda le preguntaron que porqué lo habían detenido, y él les contestó que por no andar la licencia; los reos le dijeron que por eso no encerraban a nadie y que al saber si era uno de la lista negra de la DNI. A Dagoberto le quisieron hacer la pasada para desaparecerlo, pero falló. Cuando salió y miró a su familia lloró por que cregó a creer que no los volvería a ver.


Gana un nuevo contrato colectivo
En diciembre de 1982 es reelecto Presidente del Sindicato. Pero eso terminó de marca la división entre el frente democrático y los comunistas, cuando los democráticos reclamaron algunas incoherencias en la administración de fondos.

Algunos sindicalistas mencionaron que se separaron de la dirigencia del SITRACOAGS cuando Dagoberto aseguró en público que su ideología era de tendencia marxista y que estaba deseoso que todos los afiliados a esa organización siguieran su pensamiento.

Días después desapareció de la Finca 11, Lucio López, seguidor del movimiento encabezado por Dagoberto, cuatro días después su cadáver fue hallado flotando en el Río Ulúa en la jurisdicción del sector Guanchias. De igual manera, el 11 de enero de 1983, el obrero sindicalista, Margarito López, hermano de Lucio, fue acribillado a tiros por dos sujetos uniformados de verde olivo, cuando esperaba un autobús para trasladarse a El Progreso.

El 15 de febrero de 1983, hubo un viento en seco, sin lluvia, que destruyó parte de las Fincas. Dagoberto le pidió a Conmemoración que le acompañara porque iban a sacar evacuados a los compañeros afectados. La empresa CAGSA despidió a los afectados para no ayudarles a reconstruir sus viviendas. Ese día sacaron a los hombres solteros, pero no a los casados porque era difícil acomodarlos en otras familias.

Todo el mes de febrero y marzo la gerencia de la compañía y el Sindicato discutieron el problema. Tuvieron que dirigirse a Tegucigalpa a la Secretaria del Trabajo, para que allá dieran un fallo al problema laboral que enfrentaban.

El viernes 18 de marzo del mismo año, visitó a su familia en la casa de San Pedro Sula. El sábado y el domingo Dagoberto se fue para las oficinas del Sindicato en El Progreso, y desde ahí prepararse para el viaje a Tegucigalpa.

El lunes 21 se sentaron a negociar los gerentes de la empresa, la comisión negociadora del SITRACOAGS y los representantes de la Secretaría del Trabajo. El fallo de la Secretaría fue a favor del SITRACOAGS, donde se estaba negociando un nuevo contrato colectivo y el reintegro a sus labores más de 200 obreros de corte.


Nació para luchar por los obreros

La comisión negociadora del Sindicato informó del hecho hasta el martes 29 marzo. Dagoberto pasó por la Finca 11 recogiendo algunos compañeros sindicalistas.

Eran la una de la tarde cuando inició la sesión ordinaria del Sindicato. Ahí Dagoberto dijo: A mi me persiguen porque soy sindicalista y lucho por la causa de los trabajadores, por el pueblo para que haya justicia y para que el trabajador viva bien, si en este momento me llega la muerte, que bienvenida sea, (como si se estaba despidiendo).

Al fondo de la sesión se encontraban dos guardias de seguridad de la compañía. Participantes de la sesión dicen que murmuraron: última sesión que estás.

Después de cuatro horas de reunión, Dagoberto salió de la Finca 11 para El Progreso, acompañado de 6 sindicalistas amigos de: Israel Ulloa, Ángel Alvarado, Alcides Mejía, Pedro Chavarría, Jacobo Núñez y Eulogio Figueroa. Eran las 7 de la noche cuando abordaron el jeep rojo propiedad del SITRACOAGS. En el camino, dos guardias de seguridad uniformados de militares le hicieron parada, y le pidieron que los llevara a Agua Blanca Sur. -No puedo porque ya vamos siete, les respondió Dagoberto. Pero le rogaron hasta convencerlo. Era un poco confiado, no veía a los guardias como enemigos, los enemigos eran los dueños de la empresa. Sus compañeros se fijaron que andaban armados con una Escopeta calibre recortado y un Rifle Falk, los guardias se montaron uno encima de otros.


Sicarios del patrono

En el Puente del Bálsamo nos bajamos mejor porque vamos a ir a cambiarnos de ropa donde una hermana de nosotros porque queremos ir a divertirnos, hace parada Dago. Le dijo uno de los militares. Pero para bajar y subir pasajeros de la parte de atrás, había que mover los asientos delanteros del carro.

El carro se detuvo y los dos guardias buscaron salida por el costado del conductor, Dagoberto se bajó para darle salida y se despidió diciéndoles que estaban servidos, y en lo que les extendió la mano, uno de los guardias le dijo: Hasta aquí no más llegaste comunista hijo de la gran puta. Descargaron sus armas en su pecho hasta asegurarse de que quedara muerto. Cayó al suelo, y Pedro Chavaría les gritó: cobardes. Inmediatamente le dispararon al hombro. Detonaron sus armar descargando aproximadamente cincuenta balas.
Jacobo contuvo la respiración, aparentando estar muerto, y esperó a que los dos sicarios se perdieran en la oscuridad de la noche.

En ese mismo instante pasó un carro particular y los dos guardias se escondieron en el monte a la orilla de la carretera. Luego regresaron y vieron que Jacobo se había movido y le dispararon tres tiros en la cabeza, pero sólo lastimaron su oreja y parte de su mano.

Minutos más tarde Pedro se restableció y pensó en mover el carro ya que sólo tenía un disparo en la mandíbula. Mira que la cabeza de Dagoberto está a la par de la llanta delantera. Minutso más tarde movió el carro sin amartajar el cuerpo de Dagoberto, y se dirigió a Santa Rita por ayuda. Dagoberto quedó tirado a la orilla del pavimento, con sus uñas llenas de sangre y arena.

La Cruz Roja Hondureña recogió los cadáveres de Israel Ulloa, Ángel Alvarado, Alcides Mejía, y Dagoberto Padilla quienes murieron instantáneamente; mientras que Pedro Chavarría y Eulogio Figueroa fueron trasladados al Hospital Leonardo Martínez Valenzuela de San Pedro Sula. Mientras que Jacobo Núñez fue llevado de inmediato a declarar a la Policía.

Ese día Dagoberto lo velaron en la casa de su madre en Santa Rita. Pero sus compañeros de lucha buscaron la manera de llevarlo al Instituto porque había sido el alma impulsora para su oficialización. Era un mar de gente amontonada en las calles, lo cargaron en el hombro desde el Perla del Ulúa hasta el Cementerio General.

Bajo la doctrina de seguridad nacional durante el periodo de Suaso Córdoba y Álvarez Martínez había un temor enorme. El día de su entierro en el Cementerio General, había una magnitud de gente. Dagoberto se había dado a conocer. Era tanta la emoción del pueblo, que al pasar por la FUSEP aunque eran momentos de represión, la gente se apostó frente a la policía para gritarle que eran unos asesinos.


Impunidad para los criminales

Las organizaciones del movimiento popular de El Progreso acusaron a la misma policía del hecho. También, el SITRATERCO emitió un comunicado, en donde condenaba el cuádruple asesinato de dirigentes sindicalistas. A consideración del comité ejecutivo del SITRATERCO, el trágico suceso debe ser rechazado por toda persona que quiere a la patria y desea vivir en paz. El rechazo al crimen según el sindicato bananero debe ser general, es decir sin importar su procedencia ideológica o política, cualquiera que esta sea.

El jefe de la FUSEP, Capitán Francisco Mejía Lara, encabezó la investigación con el apoyo de la policía de San Pedro Sula. Y en términos de 24 horas obtuvieron los indicios que señalaron a los presuntos culpables.

La Dirección de Investigación Nacional, interrogó a Antonio Molina y a Víctor Molina, conocidos como los guatos, quienes formaban parte de la vigilancia de la Finca 11. También se detuvo a: Wilfredo Villeda, Fausto García Rivera, Moisés Orellana Reyes y los hermanos Marco Antonio y Víctor Molina Moreno.

El Juez, Juan Antonio Rivera Tabora, ordenó la detención del contador de la Compañía. Además de los dirigentes del Frente Democrático del SITRACOAGS: Juan Francisco Cáceres y Juan Banegas Reyes, los tres se presentaron a declarar, y el Juez Tabora los mandó a prisión.

También se llamó a declarar a los propietarios de la empresa, Jaime y Arcesio Echeverri. Además de Carlos Gonzales, superintendente de la empresa.

Dirigentes del frente democrático del SITRACOAGS manifestaron su preocupación por los acontecimientos en El Bálsamo, asegurando que ellos no tuvieron ninguna responsabilidad directa o indirecta en la muerte de los cuatro dirigentes de esa organización sindical.

Finalmente se condenó como autores intelectuales: Moisés Orellana Reyes, Jefe de vigilancia de la CAGSA, y Alfredo Villeda Enríquez, Yardero; y autores materiales, los Soldados Marco Antonio Molina Martínez y Fausto García Rivera. Los homicidas señalaron que la patronal había ofrecido 28 mil lempiras para que se consumara el crimen.

Estando en el Presidio de El Progreso, Marco Antonio Molina Martínez y Fausto García Rivera, autores del crimen, en varias ocasiones personas no identificadas les llevaron comida envenenada.

Posteriormente, el Juez Tabora dictó prisión preventiva (casa por cárcel). Ya que el Capitán Orellana, de unos 70 años, de regular estatura, de piel y aspecto desmejorado por su edad y las dolencias sufridas en los últimos tiempos, por un derrame cerebral, fue llevado a una clínica privada para ser tratado.

Pedro Chavarría y Eulogio Figueroa salieron al exilio a los Estados Unidos. Jacobo Núñez se fue para el sur del país.

Talante del revolucionario comunista
Dagoberto era un hombre culto, bien centrado en su ideología, lector, introvertido, no era materialista. No ocupó ningún partido político para hacer su lucha, él mismo contaba que a lo mejor su inicio en la lucha fue producto de haber estado en la iglesia dentro del grupo de los delegados de la palabra de Dios. En esto lo instruyó el Padre Guadalupe Carney, quien lo visitaba en la casa de San Pedro Sula, eran grandes amigos, le enseñó a analizar los temas sociales a la luz de los evangelios.

Fue tan legal que nunca vendió a los trabajadores de la empresa, y mucho menos a los mismos afiliados. Nunca llevó dinero a su casa producto de una negociación bajo la mesa.

También se destacó por su dinamismo como fundador del Comité de los Derechos Humanos en El Progreso. Asimismo, miembro de la Unión Revolucionaria del Pueblo.

La escuela de la vida, ese compartir con los sectores más pobres fue lo que le dio ese conocimiento muchos más profundo. Quienes lo conocieron saben que tenía una gran calidad humana. Era muy sensible ante los problemas, era amigo de todos, bien sociable.

Conocido como un compañero ejemplar luchador, un dirigente de altos quilates. Porque él siempre estuvo luchando en contra de la desigualdad social. Un dirigente sindical comprometido completamente con su sindicato. Además de que tenía una identificación plena con todos los sectores desposeídos, los mismos ideales de todos los que han luchado en este país por ver a un país con mayor justicia.

Caracterizado por ser una persona sencilla. Toda la vida tenía una sonrisa en su cara. Por muchos problemas que tuvieron siempre le sonreía a todo mundo con complacencia. Le gustaban los paseos familiares, jugar fútbol, tocar la guitarra, le motivaba tocar las canciones de Sandro. Salir al cine e ir a comer pizza.

Fue un gran esposo, como padre un gran padre. Nunca le faltó el respeto a sus hijos, les enseñó la disciplina. El era hogareño, su esposa siempre estuvo con el temor de que lo mataran. Franklin recuerda que fue buen padre. “Yo soy lo que soy porque quiero ser como mi padre, por eso no tengo ningún vicio porque a mi se vino en mente su imagen. Luchó por ayudar a su madre, logró estudiar ingeniería en sistemas.

Dagoberto fue un hombre entregado a la patria hondureña.



Bladimir Ocón



Bibliografía

Entrevistas a: Conmemoración Guevara, viuda de Dagoberto.
Araminta Pereira, amiga de Dagoberto.
Ana Carminda Padilla, madre de Dagoberto.
Jacobo Nuñéz, sobreviviente de la masacre en el Bálsamo.
La Prensa, 31de Marzo de 1983.
La Prensa, 6, 7, 8 y 13 de abril de 1983.
 
 

 
   
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