10 de Mayo de 2015
 
  
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SALARIO MINIMO
La iniciativa del actual gobierno de incrementar el salario mínimo a cinco mil cuatrocientos Lempiras para los trabajadores sin ninguna calificación, se sale del acostumbrado criterio de hacerlo en base al índice de la inflación, ---que dicho sea de paso--- siempre ha sido falseado a favor de la empresa privada. Desde el punto de vista moral dicha decisión ha tenido tres efectos principales; a) A dejado en evidencia la incapacidad de la dirigencia sindical para negociar un salario mínimo digno
 
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b) Ha dejado en evidencia a la empresa privada de tener una concepción feudal respecto de las relaciones de trabajo, cuando antes de aprobarse pidió que se congelara el salario mínimo y una vez aprobado oponerse al mismo, hasta el grado de impugnar la decisión con muchísimos recursos de amparo, ante la Corte Suprema de Justicia, es decir, que han demostrado que su negocio no es producir, sino es el hambre de los obreros que le dan la riqueza.

c) A desenmascarado a los medios de comunicación social, en el sentido de que en vez de ser tal cosa, realmente son medios de manipulación social, cuando han desplegado una campaña, para hacerle sentir a los trabajadores que exigir el pago del salario mínimo como fue probado, es un acto de inmoralidad, de cara a la crisis económica mundial y desde luego nacional, que se ha pronosticado. La pregunta es: ¿cuando no hemos estado en crisis en Honduras?

Se argumenta que el incremento al salario mínimo creara más desempleo, que es mejor, que el obrero se muera de hambre trabajando que desempleado. Argumentan que el incremento, traerá, el despido de muchos trabajadores, que no se abrirán nuevos puestos de trabajo. Nos quieren decir con ello, que los patronos tienen en sus planillas a trabajadores que no los necesitan y cobran salario. ¿Será posible creerles eso?

Lo cierto en todo esto, es que el incremento al salario mínimo es indispensable a partir de que tenemos un Estado controlado por una oligarquía que lo manipula a favor de sus intereses y que por ello tiene en vigencia el costo de la canasta básica superior en un 50 % del salario mínimo actual, según han dicho más de algún economista.

Es la misma empresa privada, que ha aumentado los precios de los productos, cuando se ha incrementado el de los combustibles, pero no los rebaja cuando decrece el precio de los mismos. Tampoco los obliga el Estado ha hacerlo, justificando que estamos en una economía de libre mercado, que se rige por la ley de la oferta y la demanda, ---lo cual no es cierto-- como en el caso de las productoras de leche, que oscilando entre dos o tres empresas, se ponen de acuerdo para venderla a un solo precio, violando con ello la sacrosanta ley capitalista.

Sirve de ejemplo también, que en San Pedro Sula, por el incremento de los carburantes los transportistas, de tres Lempiras subieron el precio del pasaje a seis, pero ahora que los hidrocarburos están baratísimos, apenas le han bajado cincuenta centavos.

Aunado a lo anterior está el hecho de que pagan un pírrico impuesto sobre la renta, el que se ve agravado, por una cultura de declaración fraudulenta de la renta que han obtenido anualmente. Están también las condonaciones de las deudas que por consumo de energía eléctrica a grandes empresas tienen quebrada a la ENEE o las condonaciones de las deudas que los “productores agrícolas” tenían con BANADESA, de lo que resulta que si lo anterior no fuera así, no tendríamos un Estado quebrado, no tendríamos necesidad de gastar el salario en la educación de nuestros hijos y en medicinas cuando se nos enferman, es decir, que teniendo otras formas de salario no tendría mucha importancia la discusión anual sobre el salario mínimo.

En las condiciones ya expresadas, ante la gran deuda social que tiene el Estado con el pueblo, el único medio para enfrentar el costo de la vida que tienen los hondureños es el salario mínimo, mismo que debería ser la Excepción, pero que es la regla general.

Todo lo anterior demuestra que en Honduras el Estado no tiene como fin supremo la dignidad del ser humano, sino, el de mantener a los hondureños en condiciones infrahumana; y lo peor del caso es que no se mira la luz al final del túnel, ¿hasta cuando los hondureños, gobernantes y gobernados tendremos sentido de justicia social y de nación?.

Lic. ESEQUIAS DOBLADO HERNANDEZ
esequiasdoblado@yahoo.com>
 
Fuente: Comun Noticias, 11 febrero 2009
 

 
   
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