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Editorial
TENGAMOS LA LIBERTAD DE SOÑAR Y HACERLO REALIDAD
La lucha fue primero por demostrar que éramos humanas y como tales teníamos derechos. Hoy se trata de pelear aguerridamente por evitar que no nos arrebaten lo conquistado y avanzar contra la corriente para construir un mundo sin violencia y opresión.
80 años se cuentan desde las primeras hazañas emprendidas por infatigables y valientes mujeres hondureñas que dieron vida y ejemplo en la lucha por el respeto a los derechos del pueblo y sobre todo el de las mujeres hondureñas.
Pero si los avances y logros en la lucha por la defensa de los derechos de las mujeres los mediéramos por los años que se llevamos exigiéndolos, concluiríamos que falta muchísimo camino por recorrer.
Lejos queda hoy la jornada de 8 horas, aunque estampada en las leyes laborales, los patrones y su gobierno hacen mofa de ella. Miles de obreros y obreras son presas de un sistema que sólo se mantiene a fuerza de explotación y opresión. Entre los más explotados, las mujeres sufren las peores condiciones porque son presas también de la opresión patriarcal, los peores salarios, la doble jornada laboral y son objeto de abusos.
Miles de mujeres se debaten entre la vida y la muerte por la ausencia o lejanía de centros de salud equipados con medicina.
La maternidad lejos de ser alegría esperanzadora para la familia y el país es una condena al suplicio y al abandono.
Incontables son las mujeres víctimas de violencia, golpes, tortura, mutilaciones y muerte. Aunque existen leyes que intentan frenar esta grave situación el Estado solo las utiliza para hacer campañas demagógicas y no exige a los organismos competentes que actúen.
A nivel político no sólo es que somos minoría en cuanto a números y porcentajes con respecto a los hombres sino que las ostentan cargos públicos no representan los intereses ni asumen las demandas de las mujeres. En manos de muchas de ellas podría estar el exigir la aplicación estricta de leyes que nos favorecen. Sinceramente no los hacen porque carecen de conciencia crítica y sensibilidad, responden ciegamente y a los mandatos de sus grupos políticos.
Aunque el panorama no resulte alentador y estemos en peligro de ser atrapadas por el conformismo y la desilusión. Seguras estamos que no todo esta perdido. Permitámonos el derecho a soñar y hacer realidad todos nuestros anhelos.
Juntas y solidarias quebrantemos el yugo que nos esclaviza, sigamos demostrándonos que nuestra capacidad y trabajo va mucho más allá que lavar, planchar, cuidar los hijos o guardar silenciosamente los oprobios y humillaciones de quienes nos explotan. Levantemos la voz y exijamos y no nos cansemos de hacerlo, la victoria tendrá que llegar.